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dilluns, 11 de novembre de 2013

La sanidad, un derecho

Enric Llorca Ibáñez
Alcalde de Sant Andreu de la Barca

Publicat a El Far (Dijous, 7 de novembre de 2013).
Resulta evidente que la mayoría consideramos que la sanidad es un derecho. Un derecho al que los ciudadanos y ciudadanas hemos accedido, después de años de intensa lucha, desde una doble vía: a través del pago de las cotizaciones a la seguridad social o a través de la beneficencia después de ser declarado pobre “de solemnidad” se ha llegado a la situación actual.

La Ley General de Sanidad estableció que la sanidad pública se financiaba a través de los impuestos y, por tanto, era un derecho de todos los españoles. Un gran paso que el ministro Lluch dio desde un gobierno socialista.

En estos días, asistimos al desmantelamiento del sistema público de salud bajo el consabido argumento de que las necesidades de la crisis obligan al recorte indiscriminado y a la ausencia de gestión racional.

Durante años hemos construido una sanidad pública en Catalunya que ha sido objeto de envidia y estudio.

Ahora se argumenta que se habían cometido excesos, algo altamente discutible ya que, aun admitiendo que los tiempos de crisis suponen un replanteamiento de la gestión de los servicios, desde la izquierda defendemos que la mejor forma de luchar contra la crisis es basar la reordenación en una racionalización de los recursos (sin recortes lineales e indiscriminados) que aumenten la capacidad de resolución y mantengan o mejoren los servicios que reciben nuestros ciudadanos.

Así pues, lo realmente meritorio para los que tienen la responsabilidad de gestionar los servicios públicos es mejorarlos, reduciendo costes asociados a la ineficiencia, a la burocratización y a las estructuras innecesarias. Lo fácil es aplicar la tijera de forma incoherente.

Vuelvo a reivindicar que la sanidad pública catalana tiene un elevado nivel, que día a día mantienen todos los profesionales sanitarios a pesar de las equivocaciones reiteradas de quienes con toda seguridad hubieran aprobado con dificultad en las Escuelas de gestión o en las facultades de Economía.

Para acabar, mi más firme apoyo a un ejemplo de eficiencia de nuestro territorio, el Hospital de Viladecans, cuyos profesionales demuestran cada día que desde lo público se puede dar un magnífico servicio, muy por encima del que prestan empresas privadas dedicadas a hacer de la salud un negocio y de la sanidad una empresa generadora de beneficios.

La manifestación que hace unos días reunió a miles de personas en Viladecans es un claro ejemplo de que los ciudadanos no están dispuestos a renunciar a ese derecho que tanto les ha costado conseguir: una sanidad pública de calidad.


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